A PROPÓSITO DEL LENGUAJE

Al igual que en el Tercer Reich, como si el tiempo se hubiera detenido, los apóstoles del totalitarismo, hoy nos han inventado una nueva lengua, la cual a base de repetirla millones de veces constantemente durante 400 días, la han transformado en el lenguaje habitual. Palabras insospechadas hace poco más de un año, se han convertido en unas cuasi-consignas las cuales se deben repetir militarmente. Encabezan los periódicos, tanto de papel como digitales, así como los noticieros televisivos y radiofónicos. En los medios visuales, cual moderna esvástica, aparece un globo con pinchos, amenazante, como símbolo al cual hay que adorar y temer al mismo tiempo, como preludio de un futuro incierto.

A partir del diario de Klemperer podemos conocer y reconocer el lenguaje pandémico, las consignas, los “fakes”…, en un cierto paralelismo con “la lengua del Tercer Reich”.

Palabras, de las cuales se desconoce el contenido y alcance, pero se han hecho comunes: Virus, coronavirus, pandemia, SARS, Covid-19, confinamiento, aislamiento, distanciamiento, infectado, asintomático, mascarilla FFP1, FFP2, FFP3, KN95, EPIFFP2, PCR, ARN, vacuna mensajero, cuarentena, nueva ola, positivos, contagio, síntoma, síndrome, casos, inmunización, prueba, negacionismo, temperatura, pasaporte covid, aplicación, código QR, rebrote, desescalada, aplaudir desde el balcón, nueva normalidad, todo irá bien, …

Nuevas expresiones lingüísticas, que como afirman algunos autores, pueden definirse como de carácter bélico a imagen y semejanza de las utilizadas durante el período nacionalsocialista alemán. Veamos que anota Klemperer en su diario:

“El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través e palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente… las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no sufrir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico. (1)

“La mecanización inequívoca de la persona queda reservada a la LTI. Su creación más característica en este ámbito se llama gleichschalten (sincronizar, coordinar, uniformizar, homogeneizar), hace quelas personas adopten una postura y un movimiento automáticos y uniformes”. (2)

“A partir del 19 de septiembre de 1941 era preceptivo el uso de la estrella judía. El trapo de color amarillo que hasta el día de hoy significa peste y cuarentena y que fue durante la Edad media el color distintivo de los judíos, el color de la envidia y de la bilis, el color del mal que era preciso evitar.” (3). De todos modos no inventó nada nuevo el nazismo, solamente retrocedió en la historia. En el Cuarto Concilio Laterano de 1215, el Papa Inocencio III ordena que los judíos usen un distintivo amarillo en forma de anillo, en los cánones 68 a 70; de esta forma se resaltaba su impureza y se les ponía en ridículo. En el año 1218 el Rey Enrique II transforma el decreto del Cuarto Concilio Laterano en ley secular y ordena a todos los judíos a usar el distintivo todo el tiempo para diferenciarlos de los cristianos. En 1269, en Francia, se impuso a los judíos la obligación de llevar “una rueda de fieltro o de trapo de color amarillo, cosida en lo alto de la ropa, al nivel del pecho, y en la espalda, con el fin de constituir un signo de reconocimiento, y que tendrá una circunferencia de cuatro dedos y una superficie lo bastante grande para contener la palma de la mano”. (4) Sería demasiado estúpido hoy clavar en la espalda de una persona asintomática un cartel con la palabra infectado, la modernidad permite que se disponga de un certificado en papel o de una aplicación en el teléfono móvil en la cual aparezca la palabra “PCR positivo” para ser excluido de las relaciones sociales.

“Fueron a buscar” a Grümbaum y al cabo de tres meses Auschwitz envió su urna que fue enterrada en el cementerio… El judío portador de la estrella que se encargaba de administrar el cementerio leía una necrológica que acumulaba todos los tópicos de los sermones y, por supuesto fingía que el finado había muerto de una muerte del todo natural”. (5) Demasiado analogismo con el hecho de muchísimas personas ancianas que durante el estado de excepción fueron “certificadas como muertas por el coronavirus”.

“Y por fin llegó, petrificada en una fórmula, convertida en palabra mágica, la “nueva arma”, el signo mágico de la “V”. Si no lo conseguía la VI, si la V2 no surtía efecto… ¿por qué no confiar en la V3 o la V4?”. (6) Esta “V”, la “V” de vacunación, parece estar copiada miméticamente de las armas de destrucción masiva alemanas en consonancia con todo el lenguaje bélico. Si la AstraZeneka no funciona, probaremos la Pfizzer, y si no la Moderna, y si no la Johnson&Johnson, o la Sinopharm, o la Janssen, o la Sputnik V, o la Comirnaty, o la Sinovac, o la Sanofi, o la CureVac, o la …

“Quedarse en casa”, sí, esa es la consigna del buen ciudadano” (7) ¿Suena en la actualidad esta consigna?

“¿Por qué estuvo usted en la cárcel? – pregunté.

Pues por ciertas palabras… (Había ofendido al Führer y las instituciones del Reich)

Fue una iluminación para mí. Al oír esta frase lo vi todo claro. Por ciertas palabras. Por eso y en torno a eso emprendería el trabajo en mis diarios”. (8) Igualito, igualito que los motivos del encarcelamiento de Pablo Hasel.

Si Klemperer denominó al lenguaje nazi la “Lingua Tertii Imperii” (LTI), ¿Cómo deberíamos denominar hoy la neolengua acuñada para someter a la humanidad? Tal vez “Lingua Pandemic” (idioma pandémico), o “Omnia moderans absolute lingua” (idioma totalitario), o “stultus lingua” (idioma estúpido),… Sea cual sea el nombre que queramos darle, lo cierto es que su utilización se va generalizando en un símil de lo analizado por Kemperer.

Una de las abreviaturas más utilizadas en la neolengua pandémica ha sido SARS, (del inglés: Severe Acute Respiratory Syndrome) que en español sería SRAS: síndrome respiratorio agudo grave, pero SARS es de más fácil pronunciación e introducción en el lenguaje popular. Del mismo modo el nazismo popularizó la abreviatura KNIF (Kommt nicht in Frage) para expresar “imposible”, o KAKFIF (Kommt auf keinen Fall in Frage) para expresar “del todo imposible”, lo cual nos acerca a la negativa actual de abrir un debate democrático en torno al cómo y el por qué de la pandemia.

Según Ian Kershaw, “Una dificultad que se presenta al estudiar el nazismo consiste en la necesidad de explicar lo irracional en términos racionales... El papel jugado por Hitler puede quizás definirse como el de un catalizador indispensable de todo un conjunto de fuerzas que se hallaban presentes en la sociedad alemana. (9)

“La palabra “pueblo”, por ejemplo, se utiliza infinidad de veces hasta perder su sentido, se emplea tantas veces al hablar y al escribir como la sal en la comida, a todo se le agrega una pizca de “pueblo” (das Volk) : fiesta del pueblo (Volkfest), camarada del pueblo (Volksgenosse), ajeno al pueblo (Volksfremder), surgido del pueblo (aus dem Volk geboren), el pueblo sencillo (das einfache Volk ), el pueblo decide (das Volk entscheidet ), etc. (10) En un símil perfecto con la expresión utilizada hoy: El bien común (das Gemeinwohl ) que están utilizando los pandémicos lingüistas en otra emulación de dichos antecedentes históricos.

PCR para el bien común (PCR für das Gemeinwohl), la vacuna para el bien común (der Impfstoff für das Gemeinwohl), la mascarilla para el bien común (die Maske für das Gemeinwohl), el confinamiento para el bien común (Ausgangssperre für das Gemeinwohl), el estado de excepción para el bien común (der Ausnahmezustand für das Gemeinwohl), esperemos que no se atrevan a añadir en las cabeceras de los medios de comunicación la palabra Heil (salve).

Heil OMS, Heil Bildelberg, Heil Davos, Heil FMI, Heil vacuna, Heil mafia farmacéutica, detrás de cuyas instituciones siempre encontramos a Gates, Soros, Rockefeller, Fauci y otros de parecidos… y habremos cerrado el círculo.

“El terror del totalitarismo nazi, no solo se dio a través de la mutilación y muerte físicas, sino de manera singular, a través del control de todo un alambrado lingüístico que vino a amputar cualquier ejercicio de pensamiento y, por supuesto, de crítica. La lengua no fue solo una mera espectadora de una sociedad totalitaria, sino una eficaz y activa cómplice del poder totalitario”... El nazismo llegó a su término en 1945, pero la lucha contra este lenguaje continua viva en todas las lenguas que siguen siendo utilizadas para atentar contra la individualidad y la espontaneidad de los individuos. La batalla aún está por concluirse. (11)

El discurso del nazismo tenía unas hondas raíces basadas en la enfermedad, en la “infección” provocada por los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales, los desafectos, más o menos al igual que en el discurso médico del franquismo a través del “Mengele español” Antonio Vallejo-Nájera y no tan lejano, salvando las diferencias, del discurso actual globalizador, asimismo basado en la enfermedad aunque ahora se trate de algo invisible, más aterrador todavía, puesto que el enemigo infeccioso puede ser cualquier persona que pase por nuestro lado.

Los resultados de las investigaciones de Vallejo-Nájera, “el experto” de la época, proporcionaron al alto mando militar los argumentos “científicos” necesarios para declarar la inferioridad mental de las personas de ideología marxista. O sea: iba en busca del gen rojo, porque el “gen rojo”, además de ser transmisible a los descendientes, era contagioso… Era la pandemia republicana.

La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores». (12) A partir de estos supuestos, la cultura democrática era considerada una especie de epidemia, debe ser por este motivo que en el entramado pandémico actual se ha anulado cualquier atisbo de debate democrático, tanto por lo que respecta a los orígenes, como a las medidas impuestas militarmente.

Convertir a los intelectuales en proletarios, no solamente constituiría una vergüenza eterna para la civilización científica, sino que aniquilaría la savia más rica de la raza”. (13) Debe ser debido a estas consideraciones que los intelectuales y científicos modernos a sueldo de las grandes corporaciones se consideran una raza excepcional ante la cual todo el planeta debe someterse.

LA COMUNICACIÓN PANDÉMICA

En Abril de 2020, la Universidad Pompeu Fabra editó un monográfico compuesto por varios autores denominado “Comunicación política en tiempos de coronavirus. Cátedra Ideograma-UPF de Comunicación política y democracia”. Del mismo extraemos algunos párrafos de diversos autores. (14)

“Un buen ejemplo, por novedoso, ha sido la iniciativa que ha lanzado Justin Trudeau para que todo el mundo felicite y aplauda a los/as transportistas de camiones, mediante el hashtag #ThankATrucker, (gracias a los camioneros) que ya ha empezado a recibir numerosos vídeos de gente aplaudiéndolos a su paso… Emmanuel Macron se ha tomado la crisis como una guerra. Literalmente. El 16 de marzo hacía un solemnísimo discurso televisado, donde su lenguaje era totalmente bélico: esto es una guerra. El 26 de marzo hablaba de una nueva operación militar, y la bautizaba «Operación Resilience». Como un general en tiempos de guerra… Giuseppe Conte y Andrew Cuomo a través de sus discursos. El primer ministro italiano los trabaja y revisa personalmente, dejando frases para la historia, como: «Permanezcamos alejados hoy para abrazarnos con más fuerza mañana». (XAVIER PEYTIBI Politólogo y consultor de comunicación política en ideograma)

“Todos estamos llamados a colaborar, haciendo bueno el legendario comentario de Alejandro Magno antes de las grandes batallas: «De la conducta de cada uno depende el destino de todos». (PAU SOLANILLA Consultor internacional)

“Del concepto de frames que el lingüista George Lakoff define como «estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo», marcos de interpretación que establecen lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. El miedo –explica– activa el modelo del padre estricto, aquel que «cree en la necesidad y el valor de la autoridad, que es capaz de enseñar a sus hijos a disciplinarse y a luchar en un mundo competitivo, en el que triunfarán si son fuertes, afirmativos y disciplinados». Ante la pandemia del coronavirus, muchos gobiernos están definiendo frames y utilizando metáforas que construyen una otredad, un enemigo peligroso, que solo venceremos si estamos unidos. … El coronavirus trajo consigo un alud de metáforas y referencias bélicas. Líderes políticos de todo el mundo (también periodistas y analistas) comenzaron a utilizar términos militares para referirse a la crisis desatada por la expansión del COVID-19. «Francia está en estado de guerra», dijo Macron . «Ya inició la Tercera Guerra Mundial», dijo Bukele, el presidente de El Salvador. Pero no fueron los únicos; también lo hicieron Sánchez, Conte, Trump y muchos otros. Así, desde un primer momento, se impuso esta metáfora y el coronavirus dejó de ser pandemia para convertirse en guerra… Si el coronavirus es una guerra, hay un enemigo común, que es el virus, y todos estamos llamados a luchar, combatir y vencer. «Lucharemos en hospitales, en las calles y plazas vacías, en los balcones, lucharemos desde cada centro de trabajo y cada hogar, y nunca nos rendiremos», dijo Pablo Casado parafraseando un conocido discurso de Winston Churchill… Son muchas las voces que salieron a alertar sobre los errores y peligros de la narrativa belicista. Las referencias a la guerra, según Josep Ramoneda, «abren el camino a un refuerzo de las posiciones autoritarias» (SANTIAGO CASTELO HEYMANN Politólogo y consultor de comunicación política en ideograma. MARTÍN SZULMAN Sociólogo y consultor de comunicación política en ideograma)

¿CUESTIÓN O PROBLEMA?

Eric Hazan fue cirujano durante más de veinticinco años. Participó en la Guerra de Argelia junto al FLN, más tarde fue miembro fundador de la Asociación Médica Franco-Palestina y actualmente es miembro del Comité de Patrocinio del Tribunal Russell sobre Palestina. En 2006 escribió un libro titulado “LQR : la propagande du quotidien” (la propaganda de cada día) tomando como referencia el diario de Víctor Klemperer.

“A otro tiempo, otra lengua; pero también ésta adoptada «de forma mecánica e inconsciente»: la lengua de la V República Francesa, que llamaré Lingua Quintae Respublicae (LQR) en homenaje a Klemperer. Apareció a lo largo de la década de 1960, durante la brutal modernización del capitalismo francés tradicional que fuera el galo-pompidouismo. Sus «palabras aisladas, sus expresiones, sus formas sintácticas», repetidas incesantemente por la única cadena de televisión, la radio y los periódicos –conjunto al que en Francia todavía no llamábamos los medias, plural latino poco empleado por entonces y ante el que preferíamos media–, transformaron en profundidad una lengua pública de un arcaísmo hoy sorprendente, mezcla de una retórica heredada de la III República y del estilo heroico de la Resistencia. Sin embargo, la LQR ha tenido que esperar treinta años para alcanzar su pleno desarrollo y convertirse, a lo largo de la década de 1990, en el idioma del neoliberalismo, el último de los avatares del capitalismo hasta la fecha… La LQR consigue extenderse sin que nadie, o prácticamente nadie, parezca darse cuenta de sus avances –sin tan siquiera hablar de denunciarlos–… Recuerdo a Giscard d’Estaing, explicando diferentes «problemas» sobre una pizarra. Sus entonaciones aristocráticas de la región de Auvernia han hecho mucho por la difusión de la palabra problème –que él pronunciaba problaîme–. Antes se hablaba más bien de «cuestión» (la cuestión de Oriente, la cuestión social…). Evidentemente, no era una sustitución inocente.

Ante una cuestión, las «respuestas» posibles son a menudo múltiples y contradictorias, mientras que un problema, sobre todo cuando se plantea numéricamente, en general sólo admite una «solución» y sólo una. La demostración, siempre presentada como objetiva, obedece a reglas determinadas por especialistas. Por tanto, pasar de la cuestión al problema significaba abrir la puerta de par en par a los «expertos», que desde entonces no han dejado de proliferar, en Francia, en la Europa de Bruselas y en el mundo entero”. (15)

Bruno Bauer, al igual que Marx, escribieron sobre la “cuestión judía” (Judenfrage), mientras que el nazismo hablaba de “el problema judío” (Judenproblem). El 20 de enero de 1942, en un palacete de Wannsee, se reunieron algunos de los más altos jerarcas nazis para tratar un asunto que les preocupaba particularmente: “La Solución Final al Problema Judío” (Die Endlösung des Judenproblems) y todos conocemos la solución adoptada.

Así, hoy, en lugar de poder hablar y contrastar opiniones sobre la cuestión sanitaria, epidemiológica, patológica, toxicológica, nutricional, contaminante,… se nos ha envuelto en un “problema” sanitario, la solución del cual, única e indiscutible, se tomó en Nueva York (el moderno Wannsee) a través del Event 201 y sus financiadores: “la solución final al problema sanitario”, (al igual que la Solución Final al Problema Judío) cuyas consecuencias fatales tardaremos en conocer en su totalidad, aunque si no perdemos la memoria podemos entrever unos paralelismos entre unas soluciones y otras. No nos equivoquemos y pensemos que el calificativo de “nazi” solamente corresponde a pequeños grupúsculos llenos de tatuajes con esvásticas. Los que debemos temer fundamentalmente son los que van con traje y corbata, se pasean por los platós de televisión, universidades, laboratorios y parquets de la Bolsa, que dirigen las campañas de propaganda mediática, hablan en nombre del “pueblo” y se justifican “en interés del bien común” para imponer una nueva normalidad a medida del gran capital.

 

Josep Cónsola

Abril 2021

 

REFERENCIAS

(1) (Víctor Klemperer: LTI, La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Ed. Minúscula. 2020. Pág. 31)

(2) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág. 225)

(3) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág. 241)

(4) (Estudios Medievales Hispánicos, 2 (2013), pp. 241-276. (https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/13432/63157_10.pdf)

(5) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág. 270)

(6) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág. 332)

(7) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág 394)

(8) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág. 410)

(9)https://web.archive.org/web/20141028074919/http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/k/kershaw.php

(10) (LTI, La lengua del Tercer Reich. Pág.53)

(11) (Esther Cohen. El poder silencioso del nazismo. 2003). (https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2728539)

(12) «Psiquismo del fanatismo marxista», en Revista Semana Médica Española, 1939. (https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4124080)

(13) (Antonio Vallejo-Nájera. Eugenesia de la Hispanidad. 1937) http://www.filosofia.org/bol/bib/nb063.htm#p39

(14)(https://www.upf.edu/documents/220602201/233560922/Definitiu+Comunicaci%C3%B3n+Coronavirus/1c1d3def-34ae-fe5d-0019-ef40c936b0e3)

(15) (LQR : la propaganda de cada día. Ed. Oveja negra 2007. Pág 15)